Casona del boticario, un hotel para los amantes del vino

Desconectar de la rutina diaria de la ciudad, conocer la magia de las bodegas y el vino de Rioja, descubrir la gastronomía y la cultura de la zona son algunas de las posibilidades que brinda este coqueto alojamiento rural ubicado en plena Rioja Alta.

Un punto de encuentro en el que los viajeros logran sentirse como en casa gracias a la filosofía de sus propietarios que buscan “atender a los huéspedes con el mayor mimo” y aconsejarles actividades y visitas para que disfruten de cada momento del día.

Ubicada en La Rioja Alta, una de las regiones vinícolas con más prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras, la Casona del Boticario abría sus puertas hace algo más de un año para convertirse en un reducto de relax, ocio y cultura para los amantes del vino. Este pequeño hotel boutique situado en pleno centro de San Vicente de la Sonsierra, uno de los pueblos con más encanto de la zona, es el proyecto más personal de Mayang Sáez Pombo, una ex directiva de televisión reconvertida en hostelera que hace tres años lo dejó todo para transformar su espíritu de anfitriona nata en su modo de vida. Junto a su marido, Benito Perelló González-Moreno, natural del municipio riojano y arquitecto especializado en la rehabilitación de edificios modernistas, ha reformado la antigua casona señorial del S.XVIII que perteneciera a su familia para convertirla en un hotel con mucho encanto.

Así, en la temporada de otoño e invierno, la Casona del Boticario se convierte en la opción ideal para desconectar del ajetreo diario de la ciudad, conocer la magia de las bodegas de la región, el vino de Rioja y descubrir la gastronomía y la cultura de la zona gracias a los consejos y actividades que los anfitriones diseñan siempre adaptados a los gustos de sus visitantes.

ACTIVIDADES DISEÑADAS A MEDIDA
Y es que Mayang conoce a casi todos los bodegueros del pueblo y diseña visitas tanto a bodegas pequeñas, novedosas y curiosas como a las más grandes y conocidas. De hecho, en Briones se encuentra uno de los museos de vino más importante del mundo y en Haro, uno de los principales centros bodegueros de España, también se puede pasear por su espectacular casco histórico lleno de bares de pinchos.

Además, en el mismo San Vicente de la Sonsierra se puede disfrutar del auténtico paisaje riojano desde el cerro del castillo medieval, de la iglesia gótica de Santa María la Mayor (que cuenta con un valioso retablo y una torre diseñada con siete lados desiguales para resistir el viento) y de las diferentes rutas de senderismo de distinta intensidad que existen en el municipio y la comarca. Y de entre la variedad de puntos turísticos de los pueblos cercanos, merece la pena Peciña y su ermita romántica de Santa María de la Piscina.

VISTAS, CONFORT Y SILENCIO
Equipadas con todas las comodidades que busca el huésped del siglo XXI y decoradas con muebles antiguos de diferentes épocas que pertenecieron a la familia, las habitaciones de la Casona del boticario cuentan con colchones de grosor especial para el mejor descanso, carta de almohadas para poder elegir, sábanas de algodón egipcio y, además, televisión interactiva, climatización individual, duchas con hidromasaje y conexión WiFi gratuita.

Todas las habitaciones ofrecen unas vistas privilegiadas, unas a la calle principal, con sus bellas fachadas blasonadas del S.XVIII y otras al mar de viñedos que se extiende tras el edificio. Además, el hotel dispone de varias salas de estar donde leer, tomar una copa de vino o disfrutar del silencio mientras se contempla un paisaje que pronto será nombrado Patrimonio Cultural.

MIMO HASTA EN EL MÁS PEQUEÑO DETALLE
Mayang, trabajadora, sencilla y detallista ha trasladado el buen gusto y cariño con el que atendía a sus familiares y amigos al público que visita La Rioja en el marco de un hotel concebido como el propio hogar. En ese afán de tratar a los huéspedes como si fueran de su propia familia, Mayang prepara todos los días un desayuno casero con productos autóctonos, de minoristas y de la máxima calidad. Para ello, se acerca todas las mañanas a la panadería para recoger barras de la primera hornada y, acto seguido, acude a por la repostería y bollería casera de la pastelera del pueblo. También cuenta con fruta recién cortada y zumos naturales.

En definitiva, Mayang y Benito han sabido combinar con acierto la decoración de época con los materiales y necesidades de nuestro tiempo.

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