Responsabilidad Social Corporativa y la ISO20400: Compras sostenibles

Por José Francisco Garrido. Vicepresidente de AERCE y presidente de AERCE Madrid.

Es peligroso utilizar mucho un término cuando no se conoce lo que realmente significa. Desde el año 2010 hablar de responsabilidad social se convirtió en algo obligatorio dado que la ISO26000:2010 de responsabilidad social así parecía que lo enarbolaba.

La realidad es que ni esa ISO consideraba lo que predicaba como “creíble”; baste recordar que se emitió como un documento normativo no certificable (una guía) y ni el público objetivo al que iba destinado principalmente, el mundo empresarial, se había preocupado de estudiar las consecuencias reales de aplicar esos principios.

La consecuencia fue un fracaso de implantación; los ejemplos satisfactorios se contaban con los dedos de la mano y los pocos que lo intentaron salieron defraudados considerando que aplicar responsabilidad social no iba con ellos porque si lo aplicaban de manera contundente producían mucho más “gasto” que beneficio real, de tal manera que las iniciativas eran todo menos responsables (las empresas se metían en gastos que no recuperaban para implementar estas medidas) y mucho menos sociales (los directamente perjudicados eran los propios trabajadores que veían, como sus condiciones laborales eran más precarias en aras a la aplicación de un concepto que casi nadie entendía y mucho menos conseguía explicar correctamente).

Pero no seamos tan negativos; pues lo cierto es que la ISO26000:2010 es útil en sí misma pero es necesario filtrarla con la eficiencia de la gestión empresarial para sacarle el partido que se pretende con la misma.

Para no confundir al lector, nos vamos a ir al extremo en su aplicación, y mencionaremos tres conceptos, las denominadas “materias fundamentales” (gobernanza de la organización, respeto a los derechos humanos, prácticas laborales, respeto al medioambiente, prácticas justas de operación, asunto de consumidores, participación activa y desarrollo de la comunidad) , los “principios de sostenibilidad” (rendición de cuentas, transparencia, comportamiento ético, respeto intereses partes interesadas, respeto principio legalidad, respeto normativa internacional de comportamiento, respeto derechos humanos) y añadiremos los tan manidos pero necesarios “objetivos de desarrollo sostenible” de Naciones Unidas (erradicación de la pobreza, erradicación del hambre, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo sostenible, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia e instituciones sólidas, alianzas para lograr los objetivos).

Lo primero que debe saltar a la vista es que son caras de la misma moneda, y todos buscan lo mismo, que las personas actúen como tales, esto es, en “comunidad amigable”, y que las organizaciones empresariales ayuden a ese ambiente amigable; esta es la definición de la responsabilidad social.

De tal manera que no se debe aceptar que la relación entre las personas en su variedad de interrelación produzcan daño entre ellas, ni tampoco que lo hagan las empresas entre sí y en cuanto a su relación con el mundo que les rodea. Si lo piensan detenidamente verán como todos los conceptos citados persiguen esto.

Desde el mundo de las compras en el año 2017 se decidió apoyar todas estas iniciativas de tal manera que se posibilitara su implantación de una manera eficiente.

Si en 2010 el problema surgía en que se consideraba que para conseguir ser “socialmente responsable” se tenían que asumir sobrecostes que eran poco probable que fueran inversiones recuperables, ahora se pretende corregir esa idea involucrando desde la base a la organización empresarial, desde las compras, de tal manera que se obliga al cumplimiento de esos epígrafes bien exigiéndolo al mercado de proveedores, bien posibilitándolo en la empresa internamente a partir de lo que el mercado de proveedores socialmente responsables ofrece a la organización.

Un ejemplo nos abrirá los ojos
Cuando elaboramos las especificaciones técnicas de compras, si se tienen en cuenta los conceptos socialmente responsables citados anteriormente, exigiremos a los proveedores que nos suministren equipos que utilicen las últimas tecnologías de ahorro de consumo energético, por ejemplo, o de emisiones cero de carbono, etc y aguas adentro, si conseguimos un producto servicio que cumple con todo esto a la hora de transformarlo internamente en la empresa trasmitiremos la necesidad de que nuestros sistemas también cumplan con esos principios para no perder la cadena “socialmente responsable”.

Como las personas no solemos ser muy cumplidoras cuando nos autosolicitamos determinadas actuaciones, AERCE ha elaborado una certificación que ayuda al mundo empresarial, casi sin darse cuenta, a la implantación de todos estos conceptos de manera eficiente.

Partiendo de un compromiso inicial que involucra a la totalidad de la organización, se irá tomando como excusa para conseguir implantarlo en todos los procesos, siempre y cuando se quiera seguir manteniendo el certificado que lo acredita, claro.

El proceso es sencillo, a partir de un modelo de gestión, se deben incorporar los conceptos de las materias fundamentales, los principios de sostenibilidad y los objetivos de desarrollo, entre ellos, y con las fases del proceso de contratación.

De esta manera, ya no sólo no preocuparemos a la hora de comprar en los tradicionales precio, plazo, calidad o en los no tan tradicionales, mercados maduros y desarrollados, sino que incorporaremos la necesidad de que el proveedor y su producto o servicio, cumplan en lo que les compete, los conceptos de la responsabilidad social, y si los consideramos un “pasa/no pasa” porque hay suficientes alternativas, se quedarán fuera de nuestro ABC de proveedores, y si los consideramos un elemento evaluable , se inclinará la balanza hacia aquel que en igualdad de los conceptos tradicionales, mejor demuestre la implantación de los principios de responsabilidad social.

Finalmente, hay que recordar, que la ISO20400:2017 se llama de “compras sostenibles” porque considera que aplicando estos principios de responsabilidad social se puede, por una parte asegurar que las generaciones futuras puedan disfruta al menos de lo que nosotros disfrutamos hoy, y por otra, que se cumpla aquella máxima de devolver a la sociedad lo que la sociedad nos ha dado, como es que la empresa sea lo que hoy es.

Desde AERCE, una vez más, le podemos enseñar el camino pero son ustedes los que decidirán si encararlo valientemente o darle la espalda. Lo único que podemos asegurarles es que si no deciden seguir hacia delante con todo esto, es probable que mañana se percaten de que se han auto expulsado de su mundo circundante, y eso si que trae consecuencias negativas.

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